Un ensayo muy interesante de Manuel Vicent, publicado hoy en El Pais. Me da la impresión de que Savater estaría muy de acuerdo. Desde mi punto de vista, se trata de una reflexión aterradoramente acertada.
La marca
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La marca
MANUEL VICENT 30/09/2007
Antes de que el niño llegue al uso de razón, su cerebro ya ha sido inoculado con todos los elementos fundamentales de los que no podrá desprenderse a lo largo de la vida. La papilla de cereales irá acompañada con canciones de cuna, que hablarán de ángeles, nubes blancas y dulces sueños, con palabras pronunciadas en una lengua que ya será para siempre indeleble. Éste es el primer ingrediente de la magdalena de Proust. De las cuatro esquinas de la cama los ángeles saltarán directamente al fondo del subconsciente de la criatura y enseguida llegará también la figura del demonio junto con el miedo a la oscuridad. El complejo de Edipo o de Electra comenzará a desarrollarse cuando un desconocido la tome en brazos y le pregunte a quién quiere más, a papá o a mamá, exigiéndole una respuesta súbita. El árbol de la ciencia del bien y del mal a cuya sombra germinará l a inteligencia, está lejos todavía. Durante los primeros siete años, el cerebro del niño se halla a merced de todas las sensaciones y con ellas la magdalena de Proust irá tomando condimento, volumen y perfume. Las lecciones del catecismo, las caricias maternales, el pan de la alacena, las primeras advertencias del padre, el fuego del infierno, el aprender a atarse los zapatos, el volteo de campanas, la historia sagrada, los primeros juegos, los símbolos de la patria, las banderas, el equipo de fútbol, los himnos, los cuadernos, el primer castigo, el álbum de cromos, los escudos, el primer premio, el amor de los hermanos, las primeras lágrimas, la tarta de chocolate de cumpleaños y envuelto en papel de regalo, Dios p ropiamente dicho formando el sabor de la magdalena de Proust, que un día lejano ascenderá a la superficie mojada con camomila. La Iglesia considera que este territorio le pertenece por derecho divino, no está dispuesta a negociarlo con nadie y lo defiende a cara de perro contra el Estado. Aparte del negocio de la enseñanza, la Iglesia sabe muy bien que cualquier sensación irracional que se acuñe en la virginidad de la conciencia se convertirá en una marca imborrable. Cuando la inteligencia ocupe el córtex del cerebro y el individuo trate de desmontar todas las piezas que constituyen su espíritu, le será imposible separar la razón y la creencia, la educación y la memoria. A la Iglesia le importa muy poco lo que aquel niño haga a lo largo de la vida, porque está segura de que en una tarde de melancolía le emergerá Dios dentro de una magdalena y al final, aunque solo sea como cadáver, espera que vuelva al templo.
But what it is priceless in a human being, regardless his intelligence or moral and ethical behaviour, it's his ability to get self-detached of the weight of his prejudices; to break off with the burden of his darkest fears and to overcome them.
Quitarse de encima los prejuicios, las ideas preconcebidas y las creencias, es la tarea de toda una vida. Quizá los héroes, independientemente de su inteligencia, sean aquéllos que lo consiguen. Los demás, seguimos cautivos de nuestra tribu, nuestra religión, nuestra clase social o nuestro equipo de fútbol. La cárcel más dura es la formada por los barrotes de... nuestra propia mente. Nosotros somos el límite de nuestra existencia que, como una banda de Moebius, nos devuelve siempre al mismo punto: el de partida. Como siempre nos hemos dicho el uno al otro, Paco: todo viaje es interior y la pelea contra el unforgiving minute es, en última instancia, contra nosotros mismos.
Es nuestro destino: somos nuestro sino, nuestra gloria, nuestra maldición y nuestro propio infierno.
Te escribo con más tiempo!!!
abrazote